lunes, 12 de diciembre de 2011

Mercedes Benz Renntransporter

Una de las épocas más gloriosas en el aspecto deportivo para Mercedes fueron los maravillosos años 50´s. Con sus flamantes bólidos triunfando en los circuitos era necesario que todo lo que les rodeara fuera igual de espectacular que los resultados alcanzados. Con esta idea surgió en 1 954 el Mercedes Benz Renntransporter.

El departamento de competición de la marca de la estrella, decidió crear un auto que conjugara la funcionalidad con lo exótico.

Para ello cogieron prestado el motor del famoso Mercedes Benz 300 SL (modelo de Mercedes que gracias a un error se convirtió en un icono), y lo colocaron en un chasis reforzado y creado únicamente para él, dando lugar al embrión de un vehículo realmente extraordinario.

Su peso sin carga era de 2 toneladas, pero su motor de competición de 6 cilindros en línea de  2 996 cc, producía 192 cv (originalmente eran 215 cv, pero hubo que limitarlo) pudiendo alcanzar con su carga ya encima, ahora llega lo más sorprendente, los 170 km/h.

El motor se encontraba inmediatamente después de la cabina, situándose casi en la vertical del eje delantero, por lo que podríamos admitir que el Mercedes Benz Renntransporter como buen auto del mundo de la competición, era de motor central. A parte del motor, el otro responsable de esta gran velocidad era su bajo cociente aerodinámico, resultado de su estilizado diseño y de su poca altura, un metro setenta y cinco. Por toda esta velocidad y potencia, necesitaba un buen sistema de frenado formado por enormes frenos de tambor con asistencia hidráulica en las cuatro ruedas, y asistidos por un disco de freno en la transmisión, así como un peculiar freno de escape.

Su color azul intenso, provocó que se le conociera como el “milagro azul”. La parte frontal y el interior de la cabina se hicieron con elementos tomados del Mercedes 180, mientras que la calandra era del 300 SL.

Destacaba especialmente la parte posterior de la cabina con forma convexa para encajar mejor con el frontal del coche, y que obligó a construir unos cristales especiales con esta forma para las lunas traseras.

La distancia entre ejes de menos de 3 metros, hacía que fuera muy fácil hacerle girar, sobresaliendo casi dos metros de longitud la cabina del camión.

Como todos los iconos, no fue reconocida su belleza hasta pasado unos años, provocando que se desguazara por completo en el año 1.967, pero ya en 2.001 fue de nuevo construido para su muestra en el Museo Mercedes Benz de Stuttgart.




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